Los cinco errores que pueden arruinar una cata

Hombre decepcionado con copa de vino tinto en una cata.
No dejes que una mala elección arruine tu experiencia de cata.

Te ha pasado, ¿verdad? Estás frente a una copa de vino que sabes que te encanta, pero por alguna razón no consigues disfrutarlo como esperabas. Te concentras, buscas esos aromas que todos describen y… nada. Pura frustración.

Más veces de las que te crees, el mayor enemigo del disfrute no es la falta de conocimiento, sino pequeños errores logísticos, que podemos cometer casi sin darnos cuenta. ¿Qué te parece si hoy desvelamos los cinco más comunes, para que nunca más te arruinen la experiencia?

Si conoces algún otro, no dudes en citarlo en comentarios, este artículo te servirá mucho mejor si sigue vivo. No tengo ningún inconveniente en cambiar el cinco del título por un seis, o siete…

Error 1: La Guerra de los Aromas

Copa de vino junto a una vela, un perfume y un ambientador para ilustrar la interferencia de olores en una cata.
En una cata de vino, el único protagonista debe ser el vino.

Créeme, estar catando un magnífico vino de Gredos y no poder oler nada más allá que el perfume de tu acompañante o el ambientador del salón, puede resultar una experiencia de lo más frustrante.

Nuestro olfato es muy sensible, pero se satura con mucha facilidad. Los aromas intensos  y persistentes (perfumes, velas aromáticas, olores de la cocina, humo de tabaco), anulan con facilidad los matices sutiles de los aromas del vino. Es una batalla que el vino pierde siempre.

Recuerdo una cata reciente que organicé en casa con unos amigos de mis hijas. Uno de ellos es perfumista aficionado. El ambiente olía tanto a las fragancias florales, que tuvimos que transformar la cata en una cena/charla. Fue muy agradable, pero la experiencia, sin duda, fue distinta.

Si no quieres verte en una situación semejante, evita antes de una cata los perfumes y cremas de manos con olor. Ah, y avisa a tus amigos.

Si la organizas en casa, ventila la habitación unos veinte minutos antes, no uses velas aromáticas ni ambientadores y, cuidado con la cocina, los aromas especiados no deben llegar a la sala en que organizas la cata.

Error 2: El “Crimen” de la Temperatura

Será difícil que olvide aquel excelente Rioja, que me sirvieron en un restaurante y estaba a temperatura ambiente… unos 30º. Aquello parecía una sopa de alcohol, con mermelada de fruta cocida. Les pedí una cubitera y, aunque me pusieron cara rara por querer enfriar un tinto, conseguimos que la situación mejorara.

Y es que, la temperatura hace que los aromas del vino cambien por completo, como un equipo de música mal ecualizado. Un tinto demasiado caliente hace que notes mucho más el alcohol, que se hace más volátil con el aumento de temperatura, aplana los aromas y lo hace realmente pesado.

En el caso de un blanco, si lo tomas helado, los aromas se “anestesian” y los sabores se “esconden”. Sólo notarás frío y acidez.

Recuerdo una ocasión en que un amigo sirvió Albamar, uno de mis albariños favoritos, directamente de la nevera, estaba a unos 4º. No sabía absolutamente a nada. Gracias a Dios fue sólo cuestión de esperar un poco y ese mismo vino, parecía otro.

Servir el vino en casa, sin embargo, no es nada complicado. Recuerda la regla 30/30: saca el vino blanco de la nevera unos 30 minutos antes de servirlo (para que alcance 12-14°C) y mete el tinto en la nevera unos 30 minutos antes de abrirlo (para que baje a 16-18°C). De todas formas, ante la duda, es mejor que esté en el límite inferior del rango (16°C) que demasiado caliente, porque es más fácil que se entibie en la copa que enfriarlo después.

Error 3: El vaso equivocado

Comparación de tres recipientes de vino con etiquetas "MAL", "SI NO HAY OTRA..." y "PERFECTO", destacando la importancia de la copa en la cata.
La copa es la extensión del vino; elige la correcta para apreciar su esencia.

¿Te gastarías 1000€ en un equipo de música para escucharlo con los auriculares que te regalan en el AVE? Pues eso es exactamente lo que harías al beber un buen vino en un mal vaso.»

Y no, no es esnobismo. La forma de la copa tiene una función física: su balón ancho permite que el vino se oxigene lentamente y su boca que se estrecha concentra los aromas y los dirige a tu nariz. El cristal fino, sin un borde grueso, permite que el vino llegue al paladar de forma más delicada.

Una vez, en las fiestas de un pueblo, probé un Mencía fantástico en un vaso de plástico. Me gustó. Al día siguiente, compré una botella y la probé en casa en una copa adecuada. Fue una revelación. Todos los aromas a fruta roja y violetas que en el vaso no existían, aparecieron como por arte de magia.

Y no es que necesites 20 tipos de copas. Invierte en unas copas de tipo ‘universal’, una opción que funciona bien, puede ser la Spiegelau Style (puedes encontrar un pack de 4 por unos 30€ en Amazon). A menos de 8€ por copa, es la mejor inversión que harás para disfrutar del vino.

Las buenas copas tienen fama de frágiles. Procura lava siempre las copas a mano solo con agua muy caliente y sécalas con un paño de microfibra. Con un cuidado mínimo tendrás copas para mucho tiempo.

Error 4: El Paladar «Sucio» (y el Orden de los Vinos)

Si pudiera volver atrás en el tiempo, le gritaría a mi yo más joven: ¡nunca, NUNCA, te comas esa tapa de boquerones en vinagre probando un vino blanco delicado.

Y es que, ciertos sabores muy potentes (picante, vinagre, café, menta, espárragos, alcachofas) saturan nuestras papilas gustativas, impidiendo que podamos apreciar los matices del vino. Del mismo modo, si catas un vino muy potente antes que uno ligero, el segundo te parecerá agua.

En cierta ocasión, en una cata, un amigo, para acompañar, pidió un queso azul potentísimo. Lo probó primero y después cató un Albariño. Su cara fue un poema: ‘Este vino no sabe a nada’. ¡Claro! Su paladar estaba completamente dominado por el queso.

De hecho, cuenta la tradición popular que la famosa frase ‘Que no te la den con queso’ viene de un truco que se usaba en ciertos bares cuando el vino que servían no era muy bueno. Ponían una tapa de queso de sabor intenso para acompañar y así el cliente no se daba cuenta de que le estaban tomando el pelo.

Para no caer en este error, durante una cata, ten siempre a mano agua y pan blanco sin sal o «picos». Son los mejores limpiadores de paladar. Y sigue siempre un orden lógico: de los vinos más ligeros a los más potentes (espumosos, blancos, tintos ligeros, tintos con cuerpo) y de los más secos a los más dulces.

Un truco de profesional para resetear el paladar entre vinos tintos muy potentes: muerde una pequeña rodaja de manzana verde. Su acidez hace maravillas.

Error 5: El Miedo a Equivocarse

Y ya finalizando, quiero compartir contigo que el mayor error que he cometido en una cata no fue confundir una mora con una grosella, sino quedarme callado por miedo a decir una tontería.»

Este es el error más grave de todos porque lo cometes por miedo. Cuando catas con miedo, tus sentidos se bloquean. Dejas de «sentir» y empiezas a «juzgar». Tu cerebro está tan ocupado buscando la «respuesta correcta» y se olvida de lo más importante: disfrutar de la experiencia.

Recuerdo una cata muy formal donde nadie se atrevía a hablar. Hasta que una persona, sin saber mucho, dijo: ‘Pues a mí esto me huele al patio de mi pueblo después de llover’. De repente, todo el mundo empezó a sonreír y a compartir sus propias memorias. Esa persona, sin dar un solo descriptor técnico, había entendido el vino mejor que nadie.

¡Relájate! No hay respuestas incorrectas. Confía en tu memoria sensorial. Si te huele a la mermelada de tu abuela o a los lápices del colegio, esa es tu verdad. Empieza con palabras sencillas: «me gusta», «es fresco», «huele a fruta», «es suave».

Grupo de amigos brindando con copas de vino tinto y blanco, vista desde arriba, para ilustrar el ambiente social en una cata.
Cuando todo se hace bien, así es como termina una cata

Si sólo recuerdas una cosa de este artículo que sea esta:  El vino no es un examen. Si al final de la copa lo único que puedes decir con una sonrisa es «qué rico está», ya has hecho una cata perfecta.

¿Y tú? ¿Has vivido alguno de estos errores en carne propia? ¿Conoces algún otro que deberíamos añadir a la lista? Compártelo en comentarios – este artículo mejora con cada experiencia que sumemos juntos.

2 comentarios en “Los cinco errores que pueden arruinar una cata”

  1. Es bueno todos esos consejos a la hora de hacer una cata. Es verdad que muchas veces no hablamos por pensar que no tiene nada que ver. Pero es importante hablar, hablar siempre, sin miedo a equivocarnos. Es la forma de aprender. Gracias

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio

¡Espera! No te vayas sin esto:

Ya somos casi 70 suscriptores. Tasa de interacción del 75%.

Sin spam. Sólo un email semanal. Cancela cuando quieras