Parker, Peñín, Decanter… ¿Qué significan realmente esos números? ¿Deberías fiarte? ¿Cómo usarlos (si es que deberías usarlos)? La verdad sobre las puntuaciones de vinos sin filtros.
INTRODUCCIÓN – LA ESCENA
Recuerdo perfectamente la escena. Estaba en una tienda de Cádiz, antes de trasladarme a Madrid, y vi en un estante una botella que me llamó poderosamente la atención. Buscaba un vino para una cena y aquel tenía algo irresistible: 95 puntos Guía Peñín. Por aquel entonces, Peñín era para mí la verdad revelada en lo que al vino se refiere.
Costaba lo suyo —hoy serían unos 35 euros, fácilmente—, pero aquella puntuación me atraía como un faro en la niebla. Lo compré con la seguridad de que el disfrute iba a hacer que mereciera la pena.
La ilusión murió con el primer trago. Roble cremoso por todas partes. Tostado, vainilla, especias dulces… y ni un asomo de fruta. Un vino técnicamente impecable, seguro, pero que a mí no me decía absolutamente nada. Desequilibrado, cansino. No era malo, pero desde luego no era mi vino. Y aprendí que cada vez que viera en una descripción las palabras «roble cremoso», huiría como de la peste. Si quieres entender mejor cómo se usa la madera en los vinos, te lo explico en profundidad.
Ese día aprendí algo fundamental: las puntuaciones no significan nada si no conoces los gustos de quien las otorgó.
Hay puntuaciones de vinos por todas partes. Parker 95 puntos, Peñín 92, Jancis Robinson 17, Decanter cuatro estrellas, Gambero Rosso tre bicchieri. ¿Qué puñetas significa todo esto? Y no te digo ya si miras Vivino, la aplicación de moda entre los aficionados.

Pero ¿qué miden realmente esas puntuaciones? ¿Son útiles o puro humo del marketing? ¿Deberías fiarte de ellas al comprar? Y, sobre todo: ¿quién decide qué es un buen vino?
Vamos a desentrañarlo. Sin reverencias, sin dogmas. Solo la verdad sin filtros.
EL SISTEMA DE PUNTUACIONES DE VINOS DESVELADO
¿Quiénes son y qué puntúan?
En los años 80, Robert Parker Jr., un abogado americano apasionado por el vino, revolucionó el mundo del vino con su sistema de puntuaciones de 100 puntos. Su influencia llegó a tal punto que un vino calificado con su máxima puntuación tenía —y sigue teniendo— garantizada la venta de todo su stock. Y a precios que fácilmente se multiplicaban por cuatro o por cinco.
Un ejemplo: el Gran Reserva Especial de Castillo Ygay, que yo compraba muy ocasionalmente por unos sesenta euros, ahora no baja de 250. El efecto marketing de los críticos de vino, como ves, es brutal.
La influencia fue tal que muchas bodegas adaptaron sus vinos a los gustos de Parker. Incluso algunas denominaciones, como Ribera del Duero, que nacieron en esa época, aún tienen sus vinos muy influidos por esas tendencias. Es lo que los aficionados llamábamos vinos «parkerizados»: extracciones potentes para conseguir vinos con músculo, y mucha influencia de madera nueva. El famoso «roble cremoso». Otras regiones como Gredos han seguido un camino diferente, apostando por elegancia sobre potencia.
En España, el crítico más influyente era José Peñín, que tuvo el mérito enorme de poner los vinos españoles a la vista de todo el mundo. Algunos le debemos el comienzo de la afición con su famosa guía verde. Hace ya bastante tiempo que Peñín vendió su empresa y hoy, me temo, ha perdido el pulso al vino español. Sus artículos, que aún publica, dan bandazos y les falta argumento.
Yo dejé de seguir la guía hace tiempo, y no solo por el chasco del famoso vino de 95 puntos que me arruinó la cena. Hoy actúan como asesores de algunas bodegas. Y eso de ser juez y parte no me parece muy transparente. Por otra parte, su sistema de cata es no solo a botella vista, sino con las puntuaciones de años anteriores también tenidas en cuenta.
En Inglaterra es muy famoso el sistema de 20 puntos de Jancis Robinson, que es uno de los que sigo con frecuencia. El estilo británico me parece algo más contenido.
La revista Decanter tiene un sistema de puntuación basado en estrellas de una a cinco. Es intuitivo y parece más difícil de manipular: un vino de tres estrellas es bueno, uno de cinco es excelente. Sin medias tintas.
En el fondo, lo que debes tener en cuenta es que las personas detrás de esas puntuaciones son, en la mayor parte, profesionales con sus gustos personales. No son científicos que miden variables exactas. Es por eso que conocer sus gustos es tan importante.
Yo he participado como jurado en concursos de vinos y he visto cómo varían las puntuaciones dependiendo del número de personas del norte de Europa en el jurado. A ellos les gustan, posiblemente por sus climas más fríos, los vinos algo más concentrados.
El secreto sucio: dónde está el cero
Recuerdo cuando iba al instituto y me ponían un 8 en una asignatura. Me sentía realmente satisfecho. ¿No te pasaba lo mismo? Pues déjame preguntarte: ¿cómo debería ser un vino con un 8? Si fuera como las notas del instituto, debería ser un vino muy bueno, ¿verdad?
Pues no.
Las puntuaciones de la crítica ponen el cinco entre 70 y 80 puntos. Un vino puntuado por Peñín con 80 es tan solo un vino aceptable: el equivalente a un cinco del instituto. En el caso de Parker, se trata de un vino ligeramente por encima del promedio. O sea, entre un 5,5 y un 6.
¿Y esto por qué?
Las guías, concursos y revistas necesitan que les envíen muestras para calificar. Sin ellas, no habría material que valorar. Por eso hay un incentivo claro para evitar que ninguna puntuación parezca demasiado baja.
En el caso de las revistas, esto es aún más relevante: viven en gran parte de la publicidad de las bodegas.

¿Qué se mide realmente?
ues claramente, la preferencia de un catador en un momento concreto. Hay que tener en cuenta que en una sesión de cata se pueden valorar más de 50 referencias, por lo que el tiempo que se puede dedicar a cada vino es muy limitado.
¿Qué vinos salen perjudicados? Los que necesitan tiempo para expresarse. Yo dedico a cada vino uno o incluso dos días, bebiéndolo en diferentes circunstancias, para captar realmente cómo es. Esto es completamente imposible para una guía que incluye cientos de referencias.
También salen perjudicados los vinos dependiendo del lugar que ocupan en la tanda. Si un vino es muy intenso y corpulento, el siguiente te va a parecer delgado e insulso, por ejemplo. Un profesional adapta sus puntuaciones teniéndolo en cuenta, pero dudo que la valoración resultante sea objetiva.
Ahora que conoces cómo funciona el sistema de puntuaciones, entenderás por qué a veces son más un problema que una solución.
CUÁNDO NO SIRVEN LAS PUNTUACIONES
El problema de no conocer al crítico
Ya te conté mi experiencia con el vino de 95 puntos Peñín, un buen ejemplo de cómo no conocer los gustos del crítico te puede arruinar una cena. Eso nos lleva a un punto clave: si no conoces las preferencias del crítico, la puntuación no te dice nada útil.
Peñín, en su día, valoraba muy positivamente la aportación de la barrica nueva, la potencia, la concentración. Yo hace ya bastante tiempo que no sigo al equipo que está actualmente al frente de Peñín, pero por las referencias que tengo, siguen en la misma línea.
Hay que tener en cuenta que la misma firma cambia de estilo de preferencia dependiendo de quién firma las valoraciones. Hasta 2015, como ya he dicho, Parker valoraba la potencia, la concentración, la madurez, el primer impacto. Después se hizo cargo de las valoraciones Neal Martin, que tenía muy en cuenta el potencial de guarda de los vinos. Y posteriormente llegó Luis Gutiérrez, que valora la elegancia, el frescor, la mineralidad, la facilidad de beber.
Por lo tanto, un 95 de Wine Advocate (la empresa de Parker) de 2013 no tiene nada que ver con un 95 de WA de 2025. Son vinos completamente diferentes con la misma puntuación.
Una puntuación sin contexto es como un mapa sin escala: técnicamente tiene información, pero no te sirve para llegar a ningún sitio.
La inflación de las puntuaciones
Si echas un vistazo a la última Guía Peñín y compruebas cuántos vinos están puntuados con más de 90, podrás observar que lo raro es encontrar vinos por debajo de esta valoración. ¿Qué significa esto? ¿La mayoría de los vinos españoles rozan la excelencia? Ya me gustaría, pero me temo que no.
Pero no es cosa solo de Peñín. Hace 20 años, un 90 Parker era algo para tener muy en cuenta. Hoy hay decenas, por no decir cientos, de vinos con esa puntuación. Como consecuencia, el bebedor de vinos como tú y yo tiene muy poca capacidad de discriminar lo realmente bueno.
Si das una vuelta por un Aldi o un Lidl, que ponen en sus vinos las calificaciones de Peñín, podrás comprobarlo también. Todo es muy bueno. ¿Sirve para algo?
Llevo ya mucho tiempo valorando vinos en mi cuenta de Instagram y alucino con las puntuaciones que dan los winestagrammers a los vinos. Es raro ver algo por debajo de 92 o 93 puntos. La razón: si puntúan bajo, no reciben referencias de las bodegas. Esto se traduce en unas valoraciones cada vez más altas y menos coherentes.

Tu paladar puede que no tenga nada que ver con el del crítico
Esto es lo más importante de este artículo. Lo que a ti te emociona puede aburrir al que valora, y viceversa. Piensa en lo que te gusta:
- ¿Valoras la acidez o prefieres vinos más redondos?
- ¿Te gusta la austeridad o la rotundidad?
- ¿Madera bien integrada o madera protagonista?
- ¿Potencia o elegancia?
Cuando bebas un vino bien valorado que te guste, piensa en estos cuatro aspectos. Si coincides con el crítico, habrás encontrado tu referencia válida. Entender los elementos básicos de la cata te ayudará a identificar tus preferencias.
Con todo esto sobre la mesa, podrías pensar que las puntuaciones no sirven para nada. Pero estarías equivocado. Tienen su utilidad… si sabes cómo usarlas.
CUÁNDO SÍ SIRVEN LAS PUNTUACIONES DE VINOS
Como filtro de un mercado saturado
Hay miles de vinos en el mercado español, lo que hace muy complicada la elección de una botella para el bebedor de vino. Para mí el me jor crítico es el tendero que me conoce y sabe lo que me gusta.
Sin embargo, si te encuentras varios vinos bien puntuados en un estante, puede servirte como primera aproximación para acotar tu búsqueda inicial. Esto es especialmente útil si compras por internet, porque las tiendas suelen ofrecer la posibilidad de ordenar por las puntuaciones de los críticos más influyentes.
Es como las reseñas de Google: no son perfectas, pero te sirven para discriminar los restaurantes que tienen muchas malas puntuaciones.

Para comparar dentro de las valoraciones del mismo crítico
Yo sigo a tres críticos: Jancis Robinson, Tim Atkin y Miquel Hudin. Te explico mis razones.
Jancis Robinson es una Master of Wine inglesa. Por lo tanto, ha seguido la misma formación WSET que yo, salvando que yo estoy luchando por el nivel 4 (DipWSET) y ella es una figura importante dentro del Instituto de Masters of Wine (nivel 5).
Por esta razón, cuando ella valora un vino con palabras, cuando leo su nota de cata técnica entiendo perfectamente lo que dice. Aparte de esto, su sistema de 20 puntos no está tan inflacionado y es difícil encontrar valoraciones por encima de 16.
Tim Atkin es también Master of Wine, pero lo que más me gusta de él son sus valoraciones de la tipicidad de los vinos. Tim valora que un Ribera del Duero tenga el perfil que se supone que debe tener y no se deja guiar tanto por las modas.
El caso de Miquel Hudin es diferente. Este apasionado del vino se enamoró de los viñedos españoles y se asentó en Cataluña. Solo escribe de algunas denominaciones españolas que conoce a la perfección y con las que tiene contacto permanente. Una vez que conoces sus preferencias, las valoraciones de Miquel son muy valiosas.
¿Para qué te cuento esto? Si conoces un crítico con el que coincides en gustos, esa es tu buena referencia.
Para productores pequeños
La crítica es extraordinariamente importante para el pequeño viñador. A cualquier bodega artesanal de Gredos le puede cambiar la vida si Luis Gutiérrez, el equipo actual de Peñín o, en menor medida, Atkin les puntúan con una valoración muy alta. Como las bodegas de Cebreros que están revolucionando el panorama vinícola de Gredos.
Automáticamente los ponen en el radar de sumilleres y tiendas especializadas. Para los grandes, las puntuaciones son marketing. Para los pequeños, pueden ser supervivencia.
Las puntuaciones pueden ser útiles. Pero hay algo mucho más valioso que cualquier número de un crítico: tu propio criterio. Y ese, nadie te lo puede dar. Te lo tienes que construir, y aquí te podemos ayudar. Para empezar, podrías suscribirte a nuestra newsletter para recibir semanalmente artículos como este directamente en tu correo.

No conocía al crítico Miquel hudin,no suelo ver vinos con sus valoraciones,gran aportación.
Muchas gracias por tu comentario, Alejandro. A mi me gusta mucho Hudin, porque se centra en unas pocas DO’s españolas y se debe exclusivamente a sus suscriptores. No suele destacar por poner muchas notas altas, lo que hace que me sirva realmente de referencia.
Me alegro de que el artículo te haya servido.
Un abrazo
Vicente