Vocabulario de cata: palabras útiles vs humo pretencioso

Introducción. El problema del vocabulario

Recuerdo una cata en que un reputado sumiller describió un vino diciendo, entre otras lindezas, que tenía aromas de acacia marchita. Al principio me sorprendió, luego me enfadé.

¿Cuándo el vocabulario de cata se convirtió en un concurso de pretensión? ¿Cuándo decidimos que describir un vino requería un máster en literatura comparada?

El lenguaje de cata tiene un problema serio: se ha convertido en un código de exclusión. Si no hablas el idioma correcto, si no detectas el «grafito» o la «tierra mojada después de lluvia de verano», pareces un ignorante. Y eso es una completa estupidez.

Porque el vocabulario de cata debería servir para una sola cosa: comunicar lo que hay en la copa, de forma que el que lo lee pueda hacerse una idea. No para impresionar. Ni para parecer más culto. Y mucho menos, para crear barreras entre «los que saben» y «los que no saben».  Y ojo, que yo he estado sentado al lado de alguno de los que dicen saber, que escriben en las notas tres o cuatro palabras, y después te hacen un soneto sobre los aromas de la chimenea apagada, en un hayedo al atardecer. Que lo hay que sólo «parece que saben».

En este artículo vamos a separar el trigo de la paja. Distinguiremos entre palabras útiles, esas que realmente describen sensaciones físicas y aromas reconocibles, y puro humo pretencioso, esa palabrería que no aporta absolutamente nada salvo inflarse el ego.

Mi promesa es simple: cuando termines de leer esto, empezarás a saber describir un vino con precisión, sin sonar ridículo, sin sentirte intimidado, y sin necesidad de inventarte olores que nadie reconoce. Porque no necesitas oler grafito para entender de vinos. Necesitas ser honesto sobre lo que hay en tu copa.

Empecemos.

Rueda de aromas del vino con 88 descriptores organizados por familias: frutas, flores, especias, madera y mineral
Una rueda de aromas es una herramienta útil para iniciarse en el vocabulario de cata. Familias primero, precisión después.

Por qué el vocabulario importa (pero no el que crees)

Hace unos meses, acudí a una cata dirigida por Jimmy Bubbles, un verdadero apasionado del vino y una de mis referencias, en las escasas oportunidades en que coincido con él. Pero hubo una afirmación que me electrizó: “las notas de cata no tienen utilidad”. Mi mirada debió asustarle, porque inmediatamente puntualizó. Debo decir que  sé a que se refería. Y es que el vocabulario de cata sí importa. Pero no por las razones que muchos creen.

Un buen vocabulario de cata no existe para demostrar que eres un experto. Existe para comunicar tu experiencia con la mayor precisión posible. Nada más, nada menos.

Cuando digo que un vino tiene «acidez vibrante», estoy describiendo una sensación física real: esa frescura que te hace salivar, como morder una manzana verde. Cuando digo «taninos firmes», estoy comunicando que sientes una textura astringente en las encías, como cuando bebes té negro fuerte. Eso es útil. Eso funciona.

El problema viene cuando confundimos precisión con pretensión.

La precisión describe lo que realmente percibes. La pretensión inventa lo que crees que deberías percibir, o peor aún, lo que quieres que otros piensen que percibes.

¿Por qué importa esta diferencia? Porque el vocabulario útil te permite:

  • Compartir tu experiencia con otros de forma comprensible
  • Recordar vinos que has probado
  • Comparar vinos entre sí
  • Detectar defectos cuando algo va mal
  • Comunicar tus preferencias (y evitar lo que no te gusta)

Todo esto tiene evidentes limitaciones, lo que para mí tiene aromas de fresa y nata, a ti te puede recordar helado frambuesas o el yogur que tomabas de pequeño. Pero nos sirve para ir concediéndonos la misma meta, aromas de frutas rojas con recuerdos lácteos. No hay errores, sino intención de comunicarlos con una cierta precisión.

El vocabulario pretencioso no hace nada de eso. Solo crea confusión, intimida a los principiantes, y convierte la cata en un espectáculo de ego.

Entonces, ¿qué vocabulario necesitas? El que describe sensaciones reales que cualquier persona puede reconocer. No el que requiere un diccionario de poesía francesa del siglo XIX.

Vamos a ver cuáles son esas palabras útiles.

Vicente Vida catando vino en casa, tomando notas en cuaderno, con copa y botella sobre la mesa
Catar no requiere traje, ni bodega de lujo. Solo atención, honestidad y ganas de aprender. Así de simple.

Palabras útiles – las que sí comunican algo real

Ahora viene lo importante: ¿qué palabras funcionan? ¿Cuáles describen sensaciones reales que podemos compartir?

Antes de empezar, una advertencia importante: No vas a aprender a describir un vino con precisión en una tarde. Distinguir entre «taninos sedosos» y «taninos firmes», por ejemplo, requiere haber probado vinos con taninos sedosos y vinos con taninos firmes. Necesitas experiencia y referencias.

Y aquí va el consejo más útil del artículo: cuando no entiendas un término, pregunta. «¿A qué te refieres con ‘taninos rugosos’?» no es admitir ignorancia, es querer aprender. Cualquiera que te mire mal por preguntar es un pretencioso que puedes ignorar tranquilamente.

Voy a organizar las palabras por categorías, de las más objetivas a las más interpretables, con referencias comparativas para que sepas de qué hablamos.

Estructura y textura – Las más objetivas

Estas son las palabras más útiles de todas, porque describen sensaciones físicas que casi todo el mundo percibe igual (con práctica).

Acidez Es la frescura que sientes en la lengua y que te hace salivar.

  • Referencias: Baja = agua, leche. Media = manzana golden. Alta = limón, manzana verde, yogur natural.
  • Útiles: Baja, media, alta. Fresca, vibrante, marcada, integrada.
  • Por qué es útil: Todo el mundo sabe qué es lo ácido. La diferencia es aprender a medirlo.

Taninos (solo en tintos) Esa sensación de sequedad y astringencia en encías y lengua.

  • Referencias: Suaves = agua (no los notas). Medios = té verde. Firmes = té negro. Astringentes/rugosos = té negro reposado 10 minutos, nuez verde.
  • Útiles: Suaves, sedosos, firmes, rugosos, astringentes, maduros, verdes.
  • Por qué funciona: Describen textura física real. Pero necesitas haber sentido la diferencia entre té verde y té negro pasado para entenderlo.

Cuerpo El «peso» del vino en boca.

  • Referencias: Ligero = agua. Medio = leche semidesnatada. Medio-plus = leche entera. Pleno = nata líquida.
  • Útiles: Ligero, medio, medio-plus, pleno.
  • Por qué es de utilidad: Proporciona una imagen de la sensación de densidad, una vez que tienes la referencia.

Alcohol El calor que sientes al tragar. Cuando está equilibrado no lo notas. Cuando está alto, quema.

  • Referencias: Bajo (< 12%) = casi no calienta. Medio (12-13.5%) = equilibrado. Alto (14%+) = sientes calor en garganta, como un licor suave.
  • Útiles: Bajo, medio, alto. Equilibrado, integrado, caliente, desequilibrado.
  • Por qué funciona: Todos hemos bebido algo «que pica» por alcohol alto. La diferencia es identificar cuándo está integrado o desequilibrado.

Persistencia Cuánto duran los sabores después de tragar.

  • Referencias: Cuenta mentalmente segundos. Corta = 2-3 segundos. Media = 5-7 segundos. Larga = 10+ segundos. Muy larga = 15+ segundos, parece que no se va nunca.
  • Útiles: Corta, media, larga, muy larga.
  • Por qué funciona: Es medible objetivamente con un reloj.

Estas cinco categorías son tu base. Pero insisto: necesitas práctica comparativa. Prueba un vino muy ácido y uno con poca acidez lado a lado. Es la única manera de construir referencias.

Aromas básicos – Referentes comunes

Aquí la cosa se complica porque entramos en interpretación personal. Pero hay familias de aromas que la mayoría reconocemos (aunque cada uno con sus propias referencias, como vimos antes).

Frutas Probablemente lo primero que hueles.

  • Rojas: Fresa, cereza, frambuesa, arándano
  • Negras: Mora, grosella negra, ciruela
  • Cítricas: Limón, lima, pomelo, naranja
  • Tropicales: Piña, mango, maracuyá, plátano
  • De hueso: Melocotón, albaricoque, nectarina
  • De pepita: Manzana, pera

¿Por qué son útiles? Todo el mundo conoce estas frutas. Decir «aromas de cereza» funciona porque es un referente común. Puede que tú recuerdes las cerezas de tu pueblo y yo las del supermercado, pero nos entendemos: aromas de fruta roja dulce.

Consejo práctico: Si no estás seguro entre fresa y frambuesa, di «frutas rojas» y listo. La precisión es buena, pero la obsesión por la precisión exacta es pretensión.

Flores Menos comunes que frutas, pero reconocibles.

  • Blancas: Azahar, jazmín.
  • Otras: Violeta, rosa, lavanda

¿Por qué tienen sólo una utilidad media? Si has olido esas flores, las reconoces. Pero admitámoslo: muchos no distinguimos el jazmín de azahar. No pasa nada. Decir «aromas florales» es perfectamente válido y útil.

Especias Común en vinos con crianza.

  • Pimienta negra, pimienta blanca
  • Clavo, canela, nuez moscada
  • Vainilla (de la barrica)
  • Regaliz, anís

¿Por qué son útiles? Las tienes en tu cocina. Huele el bote de canela, el de pimienta negra. Créate tus propias referencias.

Madera y tostados (vinos con barrica)

  • Roble, cedro
  • Ahumado, tostado
  • Café, cacao, chocolate
  • Caramelo, toffee

¿Por qué tienen utilidad? Aromas que la madera aporta realmente. Todos hemos olido frutos secos tostados, café o chocolate. Son referentes universales.

Tierra y mineral Aquí empieza la zona gris.

  • Tierra mojada
  • Piedra, pizarra
  • Hierro, metal
  • Hongos, sotobosque

¿Por qué aquí entramos en zona gris? El olor de la tierra mojada casi todos lo reconocemos (paseo después de llover). Pero el de la «pizarra mojada» ya requiere haber olido pizarra mojada específicamente. Y además, en el tema de la «mineralidad» nos metemos en un debate eterno que ni los científicos del vino han resuelto.

Mi consejo: Úsalos con precaución. Si no estás seguro, di «aromas terrosos» o «aromas minerales» en general. Y si alguien te pregunta qué significa exactamente «mineralidad», puedes responder honestamente: «No estoy del todo seguro, pero hay algo que no es fruta ni madera ni flores, algo como piedra». Eso es honestidad, no ignorancia.

Defectos comunes – Fundamentales para detectar

Estas palabras son críticas porque comunican que algo va mal. Aquí sí necesitas aprender a reconocerlas rápido.

Corcho (TCA) Olor a cartón mojado, moho, bodega húmeda, periódico viejo mojado. El vino está estropeado.

  • Útil: «Tiene corcho» = comunicación clara de defecto. Devuelve la botella.

Oxidación Aromas de manzana pasada, jerez cuando no debería, pérdida total de frescor, color apagado.

  • Útil: Indica vino dañado por exceso de oxígeno.

Reducción Olor a cerilla quemada, huevo podrido, col cocida, goma quemada, ajo.

  • Útil: Defecto por falta de oxígeno en botella. A veces se va aireando o decantando, a veces no.

Volatilidad excesiva Olor a quitaesmalte, vinagre, acetona.

  • Útil: Indica problema de acidez volátil alta. En pequeñas dosis puede ser interesante, en exceso arruina el vino.

¿Por qué son fundamentales? Porque comunican «no bebas esto, está mal» o «devuelve la botella al restaurante». Eso es vocabulario útil de verdad. Y sí, reconocer estos defectos requiere haberlos olido antes. Pregunta a alguien con experiencia que te muestre un vino con corcho. Es la mejor forma de aprender.

Humo pretencioso – las que no aportan nada

Ahora vamos con lo bueno: el vocabulario que no sirve para nada excepto para hacerte parecer importante. O ridículo. Generalmente, ambas cosas a la vez.

Estas son las palabras y expresiones que ves en notas de cata y piensas «¿pero este tío de qué habla?» Y tienes razón en pensarlo, porque probablemente ni él lo sabe.

 

Captura de nota de cata con lenguaje pretencioso: caprichos alquimistas de la madera, boca percutora
Ejemplo real de cata entre poética y pretenciosa. ¿Qué significan exactamente «caprichos alquimistas» o «boca percutora»?

Descriptores imposibles

Aromas tan específicos que nadie, absolutamente nadie, puede reconocerlos con precisión. Son inventos.

Ejemplos reales que he leído:

  • «Grafito de lápiz Faber-Castell 2B recién afilado»
  • «Tostadero de frutos secos»
  • «Cuero de sillín de montar inglés del siglo XIX»
  • «Tierra del bosque de hayas después de tormenta otoñal»
  • «Tiza de pizarra de escuela rural»

¿Por qué es pretencioso? Porque nadie, y digo nadie, tiene referencias olfativas tan específicas. ¿Has olido alguna vez un sillín de montar inglés del siglo XIX? ¿Y uno del XX para comparar? ¿No? Pues entonces es puro teatro.

¿Cuero? Vale, puede ser. ¿Cuero de qué, en qué estado, con qué curtido? Ah, eso ya no importa porque suena bien.

La prueba del algodón: Si necesitas Wikipedia para saber qué huele el descriptor, es humo.

Metáforas poéticas – El refugio del principiante (y del vago)

Aquí entramos en el terreno de la literatura. Bonito para leer, inútil para comunicar.

Ejemplos que me hacen rechinar los dientes:

  • «Elegante como una bailarina»
  • «Seduce sutilmente al paladar»
  • «Caricia aterciopelada en boca»
  • «Abrazo cálido y reconfortante»
  • «Danza en el paladar con gracia»
  • «Susurra secretos al olfato»

¿Por qué es pretencioso? Porque no describe absolutamente nada concreto. Es poesía vacía.

¿Qué significa «seduce sutilmente»? ¿Tiene acidez alta o baja? ¿Taninos firmes o suaves? ¿Aromas de qué? No lo sé. Tú no lo sabes. El que lo escribió tampoco lo sabe.

Confesión personal: Cuando yo empecé a escribir sobre vinos y no dominaba el vocabulario específico, normalmente lo que hacía era describir mis emociones y me salía lo que he dado en denominar una cata «poética». Es el refugio natural del principiante: no sabes cómo describir técnicamente lo que sientes, así que describes la emoción.

El problema viene cuando te quedas ahí. Cuando haces de la poesía tu «estilo» porque es más cómodo que aprender el vocabulario técnico. O peor, cuando la usas deliberadamente para ocultar que no sabes de qué hablas.

Hay mucho de esto en el mundillo del vino. Personas que llevan años escribiendo y siguen refugiadas en la metáfora porque nunca han dado el salto al lenguaje preciso. Curiosamente, el premio 2025 de la AEPEV se lo han concedido a una autodenominada poetisa del vino (Estuve pensando en asociarme a la AEPEV, pero cuando leí la noticia, automáticamente lo descarté).

Regla de oro: La poesía está bien cuando empiezas. Pero si quieres comunicar de verdad, necesitas evolucionar hacia la precisión. Si suena a novela romántica, no es una nota de cata útil.

Términos vagos sin referente

Hay adjetivos que pueden ser útiles si se usan bien, pero que se han convertido en comodines cuando no se explican. El problema no es la palabra, es usarla sin contenido.

Palabras potencialmente útiles (si se explican):

  • «Complejo» – Útil si explicas: «Complejo, con aromas de fruta fresca, notas de fermentación (levaduras, pan), y crianza (vainilla, tostado)». Inútil si solo dices «es complejo» y te quedas ahí.
  • «Estructurado» – Útil si significa buena arquitectura de acidez, taninos, alcohol y cuerpo trabajando juntos (o sinónimo de potente). Inútil si no aclaras qué estructura tiene.
  • «Equilibrado» – Útil si explicas qué elementos están equilibrados (acidez-alcohol, fruta-madera, etc.). Inútil como muletilla genérica.

Palabras genuinamente vagas:

  • «Interesante» – Esto no significa nada. ¿Interesante por qué? ¿En qué sentido?
  • «Con carácter» – ¿Qué carácter? ¿Carácter de qué? ¿Un vino sin carácter es aburrido?
  • «Con personalidad» – Variante de «con carácter». Igual de vaga.
  • «Expresivo» – ¿Expresa qué? ¿Cómo?
  • «Profundo» – ¿En aromas? ¿En estructura? ¿O solo suena bien?

La diferencia clave: Algunas palabras son atajos legítimos para conceptos técnicos. Pero si usas «complejo» o «estructurado» sin explicar nada más, estás siendo tan vago como el que dice «interesante».

Test sencillo: ¿Podrías explicarle a alguien QUÉ hace que ese vino sea «complejo» o «estructurado»? Si sí, la palabra es útil. Si no, era humo.

Adjetivos acumulados (La ametralladora del vacío)

Cuando no sabes describir el vino con precisión, siempre puedes compensar con cantidad. O eso creen algunos.

Ejemplo clásico: «Un vino intenso, profundo, complejo, elegante, seductor, expresivo, con carácter, estructurado, equilibrado y persistente.»

¿Por qué es pretencioso? Porque cuando dices todo, no dices nada.

Acumular diez adjetivos vagos no equivale a una descripción precisa. Es como decir «es bueno, muy bueno, súper bueno, mega bueno». Redundancia sin contenido.

Además, muchos de esos adjetivos son contradictorios o incompatibles. ¿Puede algo ser simultáneamente «elegante» y «con carácter»? Depende de qué entiendas por cada término, claro. Que es exactamente el problema.

La realidad: Si necesitas ocho adjetivos, probablemente no has entendido bien el vino. O no sabes describirlo. O ambas cosas.

Bonus: el exceso de especificidad geográfica

Mención especial para esta categoría que me fascina.

Ejemplos:

  • «Recuerdos de un paseo por viñedos borgoñones al amanecer»
  • «Notas de lavanda de campos de la Provenza en julio»
  • «Aromas del sotobosque de los Vosgos en otoño»

¿Por qué es pretencioso? Porque añadir el lugar exacto no aporta información olfativa.

La lavanda de Provenza huele igual que la lavanda de tu jardín. El sotobosque de los Vosgos huele como el sotobosque de Gredos. Añadir geografía poética es solo eso… poesía.

Excepción honesta: Cuando hablas de un terroir específico que realmente aporta características únicas («los suelos graníticos de Gredos aportan…»). Pero eso es geología y agronomía, no romanticismo barato.

La conclusión de esta sección es simple: Si tu descripción necesita un máster en literatura francesa o un GPS de alta precisión, no estás comunicando. Estás actuando.

Nota de cata del vino Estate Argyros 2009 con vocabulario preciso y honesto: vista, nariz, boca, conclusión
El vino de la imagen anterior, descrito sin teatro. Estructura clara, aromas específicos, honestidad. Se puede comunicar con precisión sin pretensión.

Tu vocabulario, tus reglas – Guía práctica para describir vinos sin teatro

Ahora viene lo importante: ¿cómo construyes un vocabulario útil sin caer en la pretensión?

Aviso importante antes de empezar: Esto no se consigue en un día. Ni en una semana. Ni en un mes. El vocabulario de cata se construye con tiempo, práctica y paciencia.

Los seis pasos fundamentales

  1. Empieza siempre por la estructura Antes de los aromas, describe lo físico: acidez, taninos (si es tinto), cuerpo, alcohol, persistencia. Estas cinco categorías ya comunican el 60% del vino. Son las más objetivas y las más útiles.
  2. Con los aromas, empieza por familias generales Al principio, no te obsesiones con precisar si es «cereza» o «frambuesa». Empieza describiendo familias:
  • Frutas rojas, frutas negras, cítricas
  • Flores blancas, flores oscuras
  • Especias, madera, tierra

Con el tiempo y la práctica, irás desarrollando tu capacidad para distinguir matices dentro de cada familia. Pero primero necesitas construir las referencias básicas. No hay atajos.

  1. Sé específico cuando tengas la referencia clara Cuando ya tienes experiencia:
  • Mejor: «Aromas de frutas rojas maduras, principalmente cereza»
  • Peor: «Reminiscencias de cerezas del Valle del Jerte en su punto óptimo de maduración»

La primera versión comunica. La segunda intenta impresionar.

  1. Usa comparaciones que todos conozcan
  • «Acidez como morder una manzana verde»
  • «Taninos como té negro reposado»
  • «Cuerpo como leche entera»

Referentes comunes funcionan mejor que poesía rebuscada.

  1. Admite cuando no sabes «No estoy seguro, pero huele a algo floral» es infinitamente mejor que inventarte «aromas de jazmín silvestre de jardines mediterráneos». La honestidad construye credibilidad. La pretensión la destruye.
  2. Practica comparando con otros El vocabulario se construye compartiendo. Prueba el mismo vino con amigos, compara descripciones, debate. Es la única manera de calibrar referencias y expandir tu vocabulario con sentido común.

El test definitivo: ¿Es útil o es humo?

Antes de usar cualquier palabra, hazte estas cuatro preguntas:

  1. ¿Alguien que lea esto sabría cómo es el vino?
    → SÍ = Útil | NO = Probablemente humo
  2. ¿Describes sensación física o impresión vaga?
    → Física = Útil | Vaga = Probablemente humo
  3. ¿Usarías esta palabra hablando con un amigo en un bar?
    → SÍ = Útil | NO = Probablemente pretencioso
  4. ¿Podrías explicar QUÉ significa exactamente?
    → SÍ = Útil | NO = Humo

Mensaje final

No necesitas impresionar a nadie. El vocabulario útil existe para comunicar tu experiencia real, no para demostrar erudición.

Empieza con lo básico. Describe familias de aromas antes de obsesionarte con precisiones. La capacidad para distinguir matices se gana con tiempo y práctica, no fingiendo que hueles cosas que nadie huele.

Está perfectamente bien decir «frutas rojas» sin especificar cuáles. No importa decir «algo floral» sin saber exactamente qué flor. Y sobre todo, pregunta cuando no entiendes un término.

Lo que NO está bien es el teatro. El vino ya es suficientemente interesante sin necesidad de convertir cada cata en una actuación.

Describe lo que sientes, no lo que crees que deberías sentir. Esa es toda la diferencia entre vocabulario útil y humo pretencioso.

Y ahora cuéntame: ¿Qué tal si compartes en los comentarios una nota de cata del vino que tengas entre manos? La experiencia es la que te enseñará… y te divertirá.

2 comentarios en “Vocabulario de cata: palabras útiles vs humo pretencioso”

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