Marañones y Alma Carraovejas: madurez (vigilada) en Gredos

“Un valle, 30.000 maravedíes”: cómo nace Marañones en Gredos

San Martín, de granel a origen serio

San Martín de Valdeiglesias es la puerta madrileña de Gredos: un valle de viñas viejas en vaso, granito y altitud, más asociado durante décadas al vino de granel que a las cartas serias. En ese paisaje aparece Marañones como uno de los proyectos que decide tratar estas laderas como viñedo de calidad, no como simple decorado.

Viñedo de Marañones en la Sierra de Gredos con vista al valle de San Martín de Valdeiglesias.
Una de las parcelas de Marañones, colgada sobre el valle de San Martín de Valdeiglesias, donde empieza la cara madrileña de Gredos.

En 1434 el condestable Álvaro de Luna compró el valle a los monjes benedictinos que cultivaban la vid en la zona. El precio fueron 30.000 maravedíes, y ese es el nombre que la bodega ha dado a uno de sus vinos de pueblo. No es sólo una ocurrencia simpática: funciona como declaración de intenciones, un vino de pueblo con raíces en la historia que remite a los vinos tradicionales de la zona. Desde el principio, la gama se articula alrededor de esa idea de paisaje: vinos de pueblo para explicar el conjunto y vinos de paraje para ir afinando el foco.

Picar piedra cuando nadie miraba a Gredos

Detrás de la bodega hay una idea sencilla y ambiciosa a la vez: recuperar viñas viejas, trabajar en ecológico y leer el valle parcela a parcela. Todo esto en un momento en que casi nadie hablaba todavía de “Gredos” como origen deseable en la etiqueta. No es el proyecto de culto que llega el último a hacer ruido, sino uno de los que se ponen a picar piedra cuando la región aún no era trending topic.

Mientras tú quizá conociste Gredos por una botella de Comando G o de Bernabeleva en un restaurante, Marañones llevaba tiempo construyendo el relato más silencioso de San Martín. Menos épica de “bodega de culto” y más trabajo de hormiga en la viña. Entender cómo nace la bodega es entender también por qué, con la compra por parte de Alma Carraovejas, lo que está en juego no es sólo una marca, sino un trozo muy concreto del mapa de Gredos.

Manos vendimiando de noche en el viñedo de Marañones.
Trabajo de viña casi a oscuras, la parte menos visible pero esencial del proyecto Marañones.

Parajes altos, garnacha seria: qué te dice Marañones en la copa

Marañones juega en el mismo tablero que el resto de Gredos —altura, viejas garnachas en vaso, suelos pobres— y, como es la tónica en la sierra, no busca en la copa el impacto fácil ni el perfume estridente. Sus vinos tienen algo de carácter sereno: fruta roja más contenida que explosiva, tanino fino que aprieta sin rasgar y un fondo herbal y pedregoso que recuerda que aquí el bosque y la roca nunca están lejos.

Más que volver a explicar cómo se refleja el granito en la botella, interesa cómo lo traducen. Vendimias que rehúyen la sobremaduración, maceraciones contenidas, maderas discretas y una sensación de frescura que suele ser la primera noticia que llega de tu copa. Cuando alineas varias añadas, la constante no es tanto una nota de cata concreta como esa sensación de vino largo y tensado, que te pide mesa más que foto.

Formación granítica rodeada de bosque en el entorno de los viñedos de Marañones.
El granito aflorando entre la vegetación, recordatorio de los suelos que marcan el estilo de los vinos de Marañones.

El escalafón de los vinos

Dentro de la casa, la clasificación de “pueblo, paraje, parcela” sirve para ordenar matices, no para inflar discurso. 30.000 Maravedíes marca el pulso del valle, mientras que vinos como Marañones Tinto o las fincas más precisas suben uno o dos peldaños en concentración y relieve. Lo hacen sin perder del todo la línea de frescura que define la bodega. Aquí puedes jugar tú con las copas: te dejo enlaces a mis notas de los vinos que he catado; piensa en esta sección como el mapa general y esos artículos como las “pisadas” concretas.

Si vienes de Comando G, probablemente notarás menos fuegos artificiales aromáticos y más sensación de vino serio, casi burgués, que se sienta cómodo en una buena casa de comidas. No es el Gredos más ruidoso ni el más radical, pero sí uno de los que mejor explican qué pasa cuando la altura, las viñas viejas y el granito se ponen al servicio de un estilo sobrio y consistente, año tras año.

El papel de Marañones en el relato Gredos

Serenidad en la copa, no fuegos artificiales

Cuando hablamos de “relato Gredos”, solemos pensar en Comando G como la cara más visible, el proyecto que convirtió la sierra en tema de conversación en medio mundo. Pero antes de ese boom, Marañones ya estaba ahí, junto a Bernabeleva y otros pocos, rescatando garnacha en San Martín. Demostraba que la vertiente madrileña podía jugar en primera. Es uno de los nombres que permiten decir sin rubor que Gredos no es sólo una moda pasajera, sino una región con proyectos de fondo.

Vista aérea de los viñedos de Marañones en la Sierra de Gredos al atardecer.
Panorama de las viñas de Marañones en San Martín de Valdeiglesias, con la sierra recortada al fondo.

Del vino de pueblo a las fincas

Su aportación al relato ha sido menos estridente y más fundacional. Vinos de pueblo y de paraje dentro de la DO Vinos de Madrid, insistiendo en que aquí hay un viñedo histórico y que la garnacha de altura puede hablar de lugar con tanta precisión como en zonas más consagradas. Mientras Comando G construía el mito de la “garnacha de culto” y abría titulares, Marañones ayudaba a que el mapa institucional —la propia DO, la idea de “subzona San Martín”— tuviera contenido líquido detrás.

También es una pieza clave en la conexión entre proyectos: Fernando García compatibilizando Comando G con la dirección técnica de Marañones, los vínculos con Bernabeleva, la pequeña “constelación Gredos” más que un grupo de islas sueltas. Si en tu ciclo Comando G es el capítulo del altavoz y Bernabeleva el de la sensibilidad temprana en San Martín, Marañones encarna el papel de bodega que ancla el relato. La que traduce ese paisaje en una gama coherente y, ahora, la que entra en la fase de “qué pasa cuando un gran grupo se fija en esto”.

2021–2025: cuando Alma Carraovejas entra en juego

En 2021 Alma Carraovejas toma las riendas de Marañones y la convierte en su sexto proyecto, al lado de Pago de Carraovejas, Ossian, Milsetentayseis, Viña Meín–Emilio Rojo y Aiurri. No es un movimiento cualquiera: un grupo que ya juega en varias DO mete el pie en la vertiente madrileña de Gredos y elige una de las bodegas que han hecho de San Martín una referencia.

El mensaje oficial es nítido: continuidad. Pedro Ruiz y su equipo insisten en la “filosofía de máximo respeto por la viña, la honestidad con el paisaje y la devoción por el entorno”. Subrayan que el fundador, José Fernando Cornejo, sigue vinculado al proyecto, igual que el equipo que ya trabajaba en la bodega. Sobre el papel, Alma aporta músculo —personas, distribución, capacidad de inversión— y se compromete a custodiar un “legado único” más que a reinventar la rueda.

Pero más allá de la nota de prensa, lo interesante para ti, es entender qué se está probando aquí. Este es uno de los primeros casos claros en Gredos donde un proyecto nacido como bodega de paisaje pasa a formar parte de un grupo con varias patas y una certificación B Corp en el horizonte. No se trata de aplaudir o de escandalizarse por defecto, sino de dejar claro el marco: esto es lo que sabemos hoy; lo que habrá en la copa dentro de cinco años no lo decidirán las declaraciones, sino las próximas añadas.

Lo que yo he visto hasta ahora es que los vinos siguen siendo fieles a sus orígenes, tras casi cinco años de Alma Carraovejas al frente del proyecto. Esperemos que siga así… siempre-

Cómo seguir a Marañones como consumidor informado

Si quieres tomarle el pulso a esta nueva etapa sin hacer un máster, el primer termómetro sigue siendo 30.000 Maravedíes. Es el vino que mejor condensa el valle y donde antes se notará cualquier viraje de estilo, de grado o de madera. Un escalón por encima, referencias de paraje como Marañones Tinto o Peña Caballera te permiten ver hasta qué punto el grupo mantiene la finura y la capacidad de guarda que han hecho reconocible a la casa.

En las próximas añadas, más que perseguir la puntuación de turno, merece la pena fijarse en tres cosas sencillas: el grado alcohólico en etiqueta, la sensación de frescura frente a dulzor de fruta y el protagonismo (o no) de la madera en boca. Si empiezas a notar más volumen que tensión, más crema que roca, sabrás que algo se está moviendo en la forma de interpretar el paisaje.

Tiene sentido también usar Marañones como pieza dentro de tu propio “puzle Gredos”. Probar un vino de pueblo madrileño al lado de otro de Cebreros o del Alto Alberche ayuda a separar qué viene del grupo y qué viene de la sierra. Y, como siempre, si quieres ir un poco más allá sin liarte, en Vida entre Vinos iré enlazando mis notas de cata y selecciones —incluida esa “6 vinos de Gredos por 100 €” que marcará el final de este ciclo de Gredos— para que puedas construir tu propia foto de cómo evoluciona Marañones año tras año.

Botellas de los vinos de Marañones (30.000 Maravedíes, Marañones, Peña Caballera y Peña Cruzada) sobre musgo en Gredos.
Algunas de las referencias clave de Marañones, de 30.000 Maravedíes a Peña Caballera y Peña Cruzada, en su paisaje de Gredos.

Marañones como síntoma de madurez

La entrada de Alma Carraovejas en Marañones es una señal clara de que Gredos ha dejado de ser “territorio friki”. Hoy es una zona donde los grupos buscan proyectos estratégicos, con viñedo serio y relato detrás. Para la región, el mensaje es doble: por un lado, más estabilidad y recursos para conservar viñas viejas; por otro, el riesgo de que el paisaje se domestique si las decisiones se toman pensando más en la marca que en la ladera concreta.

Para ti, como lector y bebedor, la conclusión es sencilla: si te interesa entender Gredos de verdad, Marañones sigue siendo un actor al que hay que seguir de cerca. Precisamente porque está en esa frontera entre proyecto de paisaje y bodega de grupo. También conviene recordar para quién no son estos vinos: si buscas tintos baratos “para todo” o etiquetas de impacto inmediato, aquí probablemente haya demasiada intención y demasiada expectativa.

A partir de aquí, la única manera honesta de juzgar esta nueva etapa será con el sacacorchos en la mano. Comparar añadas, cruzar Marañones con otros Gredos y ver si dentro de unos años la copa sigue oliendo a jaras, granito y altura o empieza a sonar más a catálogo bien afinado. Si quieres seguir ese hilo —y otros casos parecidos ,en zonas que están pasando de “nicho” a “activo de grupo”—, te lo iré contando en la newsletter de Vida entre Vinos y en la próxima selección de Gredos que publicaremos proximamente, donde Marañones tendrá que ganarse su sitio como cualquier otra botella.

Mis últimas catas

Por ahora te dejo enlaces a los artículos de los últimos vinos que he probado de esta bodega:
30.000 maravedíes 2022: profundidad silenciosa en la Garnacha de Gredos

Marañones 2022: una de las caras más sedosas de la Garnacha de Gredos

Picarana 2021: la Albillo Real en su expresión más amable

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