Quienes son, qué hacen, de dónde viene su fama.
El vino que me hizo mirar hacia Gredos
Hace ya muchos años que probé mi primer vino de Comando G, fue un blanco de Albillo Real que se llamaba La Bruja Avería. No recuerdo con exactitud la añada, pero sí que me impresionó: tenía una acidez vibrante, casi eléctrica, que no había encontrado en otros blancos españoles. Cuando volví a Enoteca Barolo a por una segunda botella, no quedaba nada. Aquello quedó en el olvido. Me temo que con esto del vino soy algo promiscuo y me supera la necesidad de probar siempre cosas nuevas.
Sin embargo, cuando comencé este proyecto y decidí empezarlo explorando Gredos, una de las primeras bodegas que me vino a la mente fue Comando G. Ya no se llama La Bruja Avería, a su vino de entrada de gama le han quitado la «avería» y ahora se llama simplemente La Bruja. Sigue siendo un muy buen vino, aunque hay cosas que han cambiado (y no todas para mejor) que iremos viendo en el artículo.
Y es que, detrás de ese nombre hay dos enólogos que pusieron Gredos en el mapa. Vamos a ver quiénes son, qué hacen, por qué todo el mundo habla de ellos. Y también vamos a hablar de lo que nadie dice: ¿se lo merecen o es moda?

Tres enólogos, una sierra olvidada y una idea loca
Los fundadores y el origen
En España, los aficionados al vino de estos últimos años hemos tenido una gran suerte. Estamos experimentando una nueva generación de enólogos jóvenes, muy bien formados y, en muchos casos, con experiencia internacional. Pero más allá de esto, son una generación inquieta, que busca algo más que hacer un vino correcto, combinando conocimiento técnico con respeto a la tradición.
Una muestra excelente de esta generación son Fernando García y Daniel Gómez Jiménez-Landi. Se conocieron en la universidad, estudiando enología y viticultura. Daniel ya tenía experiencia en Méntrida, recuperando viñedos familiares para la empresa familiar, Bodegas Jiménez-Landi. Una bodega que realmente merece la pena tener en cuenta y a la que con seguridad dedicaremos su propio espacio.
En 2008 nace Comando G, un proyecto «loco» en el que se embarcan los dos amigos, junto a Marc Isart. Tienen la idea de rescatar viñedos viejos de Garnacha en Gredos, una zona casi olvidada, pero en la que ya habían puesto los ojos algunos visionarios, como Bernabeleva (2006), Marañones (2005), Telmo Rodríguez o Raúl Pérez.
Hoy día trabajan unas 15 hectáreas repartidas en dos pueblos de Madrid y dos de Ávila. Marc Isart ya no está en el proyecto, que dejó en 2013. Está trabajando su propio proyecto en Chinchón.
¿Por qué Gredos cuando nadie apostaba por la zona?
A principios de los años 2000 Gredos era invisible para el mercado español. Lo que se podía encontrar con facilidad eran viñedos viejos abandonados, producción a granel y ningún tipo de control de calidad, al no estar la producción integrada en ninguna denominación de origen. Resumiendo, los vinos de Gredos se vendían en garrafas o iban a cooperativas. Absolutamente nadie hablaba de Gredos, los aficionados miraban a Rioja, a la reciente Ribera del Duero y los más versados, al Priorat.
Comando G vio lo que muy pocos habían descubierto: viñedos viejos en altura donde la Garnacha se podía expresar con delicadeza; suelos graníticos, con una composición muy diferente a la mayoría de los suelos del vino español. Vieron también viticultura tradicional, con vides en pie franco (sin injertar), en la que no eran casi necesarios los tratamientos químicos y de bajos rendimientos y, por lo tanto, alta calidad.
Lo que hizo en Gredos esta generación fue muy similar a lo que ocurrió en el Priorat en la década de los 90: el rescate y puesta en valor de una zona olvidada. Hay sin embargo una gran diferencia: en el Priorat se apostó por la potencia y en Gredos por la elegancia.
El nombre y lo que representa
El nombre del proyecto viene de una serie japonesa de dibujos animados, en la que unos jóvenes se mantienen alerta ante las amenazas de seres de otras galaxias. Tiene su punto humorístico, pero también hace pensar en las «amenazas» a las que tendría que hacer frente el proyecto. La letra G les venía al pelo por la Garnacha, el Granito y Gredos.
El «comando» nace para poner en práctica una filosofía: cada parcela cuenta su historia. Se mira a Borgoña y se traduce a Gredos, vinos de pueblo y de parcela. No hay vinos de la casa. Y lo hacen con intervención mínima y trabajo artesanal. Vendimias manuales, selección estricta de la uva y crianza en madera usada, tratando de que la barrica no tape la esencia de la uva.
Sus primeras añadas salieron al mercado entre 2008 y 2010 y sus vinos empezaron a circular en circuitos especializados. Reciben un reconocimiento lento pero constante y, por qué no, tienen algo de suerte. El estilo de los vinos de Comando G encaja perfectamente con el gusto de Luis Gutiérrez, el crítico de Robert Parker en España, que les concede puntuaciones altísimas. Para 2015, el nombre raro ya no sonaba tan raro. Comando G estaba en boca de todos. Pero, ¿qué había en las botellas?
¿Qué hay en las botellas?
La gama completa: cuando el prestigio dispara los precios
Comando G trabaja principalmente en la zona de Cebreros, pero las peculiaridades administrativas de Gredos hacen que una parte de sus vinos se elaboren bajo la Denominación de Origen Vinos de Madrid y otra bajo DO Cebreros (Ávila).
La gama actual se estructura así:
Vinos de Madrid:
- La Bruja (vino regional, mezcla de parcelas): ~29€
- Rozas (vino de pueblo, antes Rozas 1er Cru): ~48€
- Las Umbrías (vino de parcela): +220€
Vinos de Ávila (DO Cebreros):
- Valle del Tiétar: Las Iruelas (único vino de parcela en pizarra): +220€
- Valle del Alto Alberche: La Breña (premier cru) y Tumba del Rey Moro (parcela única): +250€

Convendrás conmigo en que 29€ para un vino de entrada es bastante alto. Cuando Comando G empezó, La Bruja era accesible (rondaba los 12-15€). Hoy, su precio se ha más que duplicado. ¿Justificado por la calidad? Quizá. ¿Justificado por la demanda y la moda? Probablemente también.
El problema es que estos vinos son muy difíciles de encontrar (pocas tiendas los tienen, y creo que el precio tiene algo que ver) y muy caros para la mayoría de aficionados. Mi experiencia personal se limita a La Bruja (que he probado en sus versiones tinta y blanca, y sí, es un vino fresco, complejo y persistente) y Rozas (que probé en una cata con mi grupo de preparación del DipWSET, y es un gran vino). A partir de ahí, mi bolsillo no se lo puede permitir. Y sospecho que el de la mayoría de lectores, tampoco.
Tres gamas, tres formas de entender Gredos. Pero también tres niveles de precios que dejan fuera a mucha gente. Dicho esto, ¿hay algo que una a todos estos vinos? ¿Existe un estilo Comando G reconocible?
¿Existe un estilo Comando G?
Sí, existe. Y no es difícil de reconocer.
Los vinos de Comando G comparten un ADN común: elegancia antes que potencia. La altura de los viñedos (entre 800 y 1.200 metros) les da una acidez vibrante que es la firma del Comando. No buscan concentración ni la fruta sobremadura. En su lugar, frescor, tensión, verticalidad. Son vinos más cercanos a Borgoña que al Priorato. Más finura que músculo.
La Bruja, tanto en su versión tinta como blanca, es un buen ejemplo de esto. El tinto muestra fruta roja fresca, taninos sedosos y un final largo con cierto toque mineral. El blanco, elaborado con Albillo Real, tiene esa acidez casi eléctrica que caracteriza a los buenos blancos de altura. Son vinos que no te cansan, que piden otra copa.
Rozas sube un escalón: más concentración, más estructura, pero sin perder esa frescura que los define. La graduación alcohólica se mantiene moderada (12.5-13.5%), los taninos están integrados, y siempre aparece esa sensación mineral del granito.
Detrás de este estilo hay un trabajo riguroso: viñedos viejos en pie franco (sin injertar), viticultura ecológica con rendimientos bajos, vendimias manuales, levaduras autóctonas y crianza en madera usada para no tapar la fruta. Todo está pensado para que hable el viñedo, no el enólogo. Filosofía de intervención mínima llevada a la práctica.
El estilo ha evolucionado. Las primeras añadas (2008-2012) eran más rústicas, con más carácter salvaje. Las actuales son más pulidas, más técnicas. ¿Es mejor o peor? Depende de lo que busques: ganaron refinamiento, quizá perdieron algo de personalidad.
El impacto de Comando G: éxito merecido, precios cuestionables
No fueron los primeros. Bernabeleva (2006) y Marañones (2005) ya estaban rescatando garnacha de Gredos antes que ellos. Pero Comando G fue quien amplificó el mensaje a nivel internacional. Quizá porque Luis Gutiérrez (el crítico de Robert Parker en España) se enamoró de sus vinos y les dio puntuaciones altísimas. El caso es que cuando la gente empezó a hablar de Gredos fuera de España, el nombre que más sonaba era Comando G.
El efecto fue real: otros productores siguieron el camino (Daniel Ramos, Alberto Arroyo, y muchos más), la exportación creció (especialmente a USA, UK y países nórdicos), y los vinos de Gredos empezaron a aparecer en cartas de restaurantes con estrella Michelin. Gredos pasó de ser una zona invisible a convertirse en «la región de moda».

Hasta aquí, todo bien. El problema llega cuando hablamos de precios.
Los precios, ¿justificados, moda o escasez?
La Bruja, que en sus primeras añadas rondaba los 12-15€, hoy cuesta 29€. Rozas ha pasado de 25-30€ a 48€. Los vinos de parcela única superan los 220-250€. ¿Es esto razonable para un proyecto de sólo 17 años de historia? Bodegas con décadas (o siglos) de trayectoria cobran menos.
Parte del precio es la calidad, sí. Pero otra parte importante es la moda y la demanda. Comando G se ha convertido en un vino «de culto», difícil de encontrar, con tiradas limitadas. Y eso dispara los precios. El problema es que esta escalada deja fuera a la mayoría de aficionados. Los vinos se vuelven inaccesibles, reservados para iniciados (o personas con ganas de figurar), con poder adquisitivo alto.
Y aquí viene la pregunta incómoda: ¿son mejores que otros vinos de Gredos que cuestan la mitad? No necesariamente. Hay productores igual de serios, con viñedos igual de viejos, haciendo vinos igual de buenos, a precios mucho más razonables.
Conclusión: El trabajo de Comando G es serio. Los vinos son muy buenos. El impacto en Gredos es innegable. Pero los precios no se justifican solo por calidad. Hay una parte importante de especulación, de moda, de demanda artificial. Y eso es algo que conviene tener en cuenta antes de abrir la cartera.
Recomendaciones: ¿qué vinos probar?
Si quieres conocer Comando G, estas son mis sugerencias :
La Bruja Tinto (~29€)
Es la puerta de entrada. Un vino fresco, elegante, con fruta roja y acidez vibrante. ¿Vale 29€? Es caro para un vino de entrada, pero si quieres probar Comando G sin arruinarte, es tu opción. Ideal para: quien tiene curiosidad y puede permitírselo.
La Bruja Blanco (~29€)
Albillo real en estado puro. Acidez eléctrica, cítricos, mineralidad. Sorprende por su frescor. Mismo precio, misma valoración: caro, pero interesante. Ideal para: aficionados a blancos con carácter.
Rozas (~48€)
Un paso más en complejidad y estructura. Si La Bruja te gustó y quieres entender qué aporta un «vino de pueblo», esta es tu opción. Pero cuidado: 48€ es mucho dinero. Asegúrate de que realmente te interesa antes de comprarlo. Ideal para: ocasiones muy especiales.
Vinos de parcela única (+220€)
No los recomiendo. No porque sean malos (probablemente sean excelentes), sino porque son inaccesibles para la inmensa mayoría. Hay formas mucho mejores de gastar 220€ en vino. Ideal para: coleccionistas, gente con presupuesto ilimitado o con ganas de impresionar.

Ejercicio práctico: ¿justifica Comando G su precio?
Aquí va un experimento revelador:
Paso 1: Compra una botella de La Bruja (29€).
Paso 2: Compra una botella de otra bodega de Gredos al mismo precio o inferior. Sugerencias: Bernabeleva (~20-25€), Marañones (~18-22€), Daniel Ramos (~20-25€).
Paso 3: Cátalos el mismo día, a la misma temperatura.
Paso 4: Pregúntate: ¿Hay algo en el Comando G que justifique la diferencia de precio? ¿Notas un estilo reconocible? ¿Es mejor, o solo más caro?
Objetivo: Entrenar tu paladar para distinguir entre calidad real y precio inflado por moda. Y de paso, descubrir otros productores de Gredos igual de interesantes (y más accesibles).
Cierre
Comando G es importante. Ayudó a poner Gredos en el mapa. Sus vinos son buenos, su trabajo es serio, su filosofía es respetable. Pero no son perfectos, y desde luego, no son los únicos. Hay vida más allá de Comando G en Gredos. Y a menudo, más accesible.
Vale la pena probar sus vinos (al menos La Bruja) para entender de qué va todo esto. Pero también vale la pena explorar otros productores, comparar, y no dejarse llevar solo por la moda.
Cuéntame en comentarios: ¿Has probado algún vino de Comando G? ¿Cuál? ¿Qué te pareció? ¿Crees que su precio está justificado?

Los he comparado con La Cendra en su versión Garnacha y Albillo Real, y francamente me quedo con estos, elegancia pura y menos precio.
Muchas gracias por tu comentario. Esa era la idea de este artículo, que cada uno se forme su opinión haciendo un ejercicio muy sencillo.
Por cierto, tengo que buscar ese La Cendra, he curioseado su página web y parece un proyecto muy interesante.
Un saludo
Vicente