INTRODUCCIÓN: El día que la acidez me salvó la cena
Hubo una noche en que la acidez de un vino me salvó una reunión con amigos en casa. Déjame que te lo cuente.
A Elena le encantan las carrilleras al Pedro Ximénez y a mí me gusta experimentar con las recetas una vez que tengo cierto dominio. En aquella cena volví a hacerlas, pero en la salsa incluí unas uvas pasas y unos orejones. Cuando la probé, me di cuenta de mi error: demasiado dulzor. La receta no había quedado del todo mal, pero el experimento había resultado fallido.
Menos mal que recordé los principios de maridaje que había aprendido en el WSET. Elegí un tinto gallego, muy refrescante por su acidez, y aquello equilibró el plato. Tanto es así que ahora Elena me pide ese extra de pasas en la salsa de las carrilleras.
Al final todo resultó bien, gracias a la acidez de ese buen vino gallego. Ese día entendí que la acidez no es un defecto a tolerar, sino la herramienta que convierte un desastre culinario en un maridaje memorable.

¿Qué es realmente la acidez en el vino?
Recuerdo la última vez que probé un albariño gallego, concretamente un Albamar que ya había reposado un par de años en mi bodega. Aún siento la sensación vibrante, fresca en la boca. Si mantengo la atención, noto mi boca salivar, como si estuviera esperando ansiosa el siguiente sorbo. Pues bien, esa sensación, fresca, viva que producen algunos vinos es lo que llamamos acidez.
Se nota especialmente en los laterales de la lengua, detrás de la punta. La salivación también es señal de que un vino tiene una buena acidez. La próxima vez que pruebes un buen vino busca alguno de estos aromas en la boca, que te servirán para detectar esa frescura en el vino: manzana Granny Smith, uva no del todo madura, cítricos y lácticos. Veamos ahora a qué tipo de ácido vienen asociados.
El ácido málico
Es un ácido que proviene de la uva. Se va transformando en glucosa según va avanzando la maduración. Cuando el enólogo decide el momento de la vendimia, la cantidad de este ácido presente en la uva es uno de los factores que tiene en cuenta para tomar su decisión. En los vinos blancos, especialmente, el ácido málico, ese sabor a manzana verde es el que aporta ese extra de frescura y vivacidad.
El ácido tartárico
También proviene de la uva. Es el más importante y el que normalmente está presente en mayor cantidad en todos los vinos. Funciona como un acidificante y conservante natural, por eso es importante a la hora de decidir si un vino se puede conservar o no, saber si tiene una buena acidez.
Algunos bodegueros usan la adición de ácido tartárico para corregir bajos niveles de acidez en el vino.
Ácido cítrico
Es un ácido que en el vino se reconoce por aromas a piel de lima o limón. No tiene tanta presencia en el vino, porque suele desaparecer casi por completo en la fermentación.
El ácido láctico
Se produce en la fermentación maloláctica, que se realiza en prácticamente todos los vinos tintos, para transformar el málico en láctico. De esta manera los aromas a manzana verde, poco atractivos en un tinto, se transforman en notas de yogur natural, mucho más agradables.
¿Por qué es importante la acidez en el vino?
La principal característica que aporta la acidez, en su justa medida es estructura y equilibrio, contrastando con la fruta y la tanicidad en el vino.
Te propongo un ejercicio sencillo que te ayudará a comprobarlo. Haz una taza de té negro bien cargado. Pruébalo: verás la sensación rugosa en las encías. Añádele ahora unas gotas de limón, verás que la sensación es diferente y mucho más placentera.
Por otro lado, aporta frescura y vivacidad. ¿Has probado un vino que te haya resultado pesado, fofo? Seguro que no te ha apetecido una segunda copa. Es una muestra clara de la falta de acidez.
Por último, la acidez en el vino corta la grasa de la comida y equilibra la sal y el dulzor, como en el caso de mis carrilleras.
Factores que determinan la acidez
¿Por qué unos vinos tienen más acidez que otros? No es casualidad ni capricho del elaborador. Son varios los factores que influyen en los niveles de acidez del vino final.
El clima: frío vs cálido
La acidez de un vino se debe especialmente al clima de la zona en que está plantada la viña.
Si el clima es frío, la uva madura más lentamente y se ralentiza la transformación de los ácidos en azúcar. De esta manera los ácidos presentes en la uva, que forman el mayor porcentaje de la acidez presente en el vino finalizado, serán mayores que en clima cálido.
Por eso las regiones vinícolas más frescas del mundo – Champagne, Chablis, Rías Baixas, Gredos – producen vinos con acidez naturalmente más alta.
La altitud: buscando la frescura en altura
Esta es la razón por la que en países con veranos más cálidos se busquen viñedos en altura, con lo que se suaviza la temperatura, resultando vinos más equilibrados, con mayor acidez y más ligeros de alcohol.
En Gredos, por ejemplo, los viñedos entre 700 y 1.100 metros de altitud consiguen preservar esa acidez que da elegancia a la Garnacha, una variedad que en zonas más bajas y cálidas puede resultar pesada y alcoholica.

La vendimia: el arte de encontrar el momento
Como mencioné al hablar del ácido málico, el momento exacto de la vendimia es crucial. La uva va perdiendo acidez conforme madura y va ganando azúcar.
Vendimiar temprano: Más acidez, menos azúcar, menos alcohol. Vinos frescos, pero pueden carecer de fruta madura.
Vendimiar tarde: Menos acidez, más azúcar, más alcohol. Vinos potentes, pero pueden resultar pesados.
El arte del viticultor está en encontrar el punto óptimo donde la acidez, el azúcar, los taninos y los aromas están en su momento ideal. Un día puede marcar la diferencia.
La fermentación maloláctica: suavizar o preservar
La fermentación maloláctica es un proceso que transforma el ácido málico (el de la manzana verde, más áspero) en ácido láctico (el del yogur, más suave). Esto reduce la acidez total del vino y le aporta cremosidad.
Cuando se hace:
- Prácticamente en todos los tintos (para suavizar taninos y acidez)
- Algunos blancos con cuerpo (Chardonnay, por ejemplo)
Cuando NO se hace:
- Albariños, Rieslings, Verdejo – para preservar su frescura característica
- Vinos de climas cálidos donde la acidez ya es baja
Cuando pruebo un Albariño que ha hecho maloláctica, lo noto inmediatamente: pierde esa vivacidad eléctrica que lo caracteriza y se vuelve más redondo, casi mantecoso. A veces funciona, pero generalmente prefiero la frescura pura.
La variedad de uva: genética natural
No todas las variedades tienen la misma acidez natural. Algunas son naturalmente más ácidas:
Alta acidez natural:
- Albariño
- Riesling
- Sauvignon Blanc
- Pinot Noir
Acidez media:
- Chardonnay
- Tempranillo
- Garnacha (en clima fresco)
Acidez baja:
- Garnacha de zonas cálidas
- Monastrell
- Merlot en climas cálidos
Por eso un Albariño de clima cálido seguirá teniendo más acidez que una Monastrell de clima fresco.
Cómo identificar y evaluar la acidez
Ahora que sabes qué es la acidez y qué la determina, te preguntarás: ¿cómo puedo identificarla yo mismo en la copa? Es más sencillo de lo que parece.
Señales en la copa
En la vista:
Los vinos con buena acidez tienen colores brillantes y vivos. Es como si tuvieran luz propia. La acidez actúa como conservante natural del color, por eso los vinos jóvenes con acidez alta mantienen esos tonos vibrantes que tanto nos atraen.
Un vino con acidez baja, por el contrario, suele tener colores más apagados, opacos, como si estuvieran cansados.
En la nariz:
La acidez se manifiesta con aromas frescos: cítricos, frutas verdes, hierbas aromáticas. Piensa en limón, manzana verde, hierba recién cortada. Son aromas que te despiertan, que te activan.
Cuando un vino carece de acidez, los aromas suelen ser más pesados (mermelada, fruta demasiado madura) y suelen estar menos definidos.
En la boca:
Aquí es donde la acidez se hace más evidente. Presta atención a estas sensaciones:
- Salivación inmediata: Si tu boca empieza a producir saliva al probar el vino, hay acidez presente.
- Laterales de la lengua: La sensación de frescura se nota especialmente ahí, justo detrás de la punta.
- Ganas de dar el siguiente sorbo: Un vino con buena acidez te invita a seguir bebiendo. Limpia tu paladar y te deja preparado para el siguiente trago.
Niveles de acidez: de plano a vibrante
Estos son los niveles de acidez que puedes encontrar:
Acidez baja: El vino se siente plano, pesado, sin vida. Es como una canción sin ritmo. Te aburres rápido y no te apetece una segunda copa. Sensación «fofa» en boca.
Acidez media: Equilibrada y refrescante. El vino tiene estructura, pero no agrede. Es el punto ideal para la mayoría de los vinos. Te mantiene interesado, no te cansa.
Acidez alta: Vibrante, eléctrica, salivación alta. Perfecta para mariscos, pescados grasos, comida con aceite. Si el vino tiene fruta y estructura para sostenerla, es maravillosa. Si no, puedes encontrar desequilibrio.
Acidez excesiva: Agresiva, punzante, desagradable. El vino te ataca en lugar de invitarte. Puede deberse a una vendimia demasiado temprana. a una mala vinificación o a que el vino necesite crianza en botella.
Mi consejo práctico VEV
No busques la acidez como un valor absoluto – no hay un nivel «correcto» universal.
Pregúntate esto: ¿Este vino te invita al siguiente sorbo? ¿Sientes tu boca limpia y preparada para continuar? ¿Te aburre o te estimula?
Si la respuesta a las dos primeras es sí, y a la tercera es «me estimula», entonces la acidez está donde debe estar para ese vino en ese momento.
He probado Rieslings alemanes con acidez altísima que eran deliciosos porque tenían fruta y dulzor para equilibrarla. Y he probado vinos planos que técnicamente eran «correctos», pero que no invitaban a una segunda copa.
Tu paladar es el mejor juez. Aprende a escucharlo. Para ayudarte, te propongo este ejercicio:

Ejercicio casero: descubre tu tolerancia a la acidez
Antes de lanzarte a catar vinos, te propongo un ejercicio muy sencillo que puedes hacer ahora mismo en tu cocina. Te llevará 5 minutos y te revelará mucho sobre tu sensibilidad a la acidez.
Necesitas:
- 4 vasos de agua (200ml cada uno)
- 1 limón
- Una cucharita
Preparación:
Vaso 1: Solo agua (tu referencia neutra)
Vaso 2: Agua + 1 cucharadita de zumo de limón (acidez baja)
Vaso 3: Agua + 2 cucharaditas de zumo de limón (acidez media)
Vaso 4: Agua + 4 cucharaditas de zumo de limón (acidez alta)
Cómo hacerlo:
- Prueba primero el agua sola (vaso 1) para «resetear» tu paladar
- Prueba el vaso 2: ¿Notas la acidez? ¿Es agradable o imperceptible?
- Prueba el vaso 3: ¿Cómo cambia la sensación? ¿Salivas más?
- Prueba el vaso 4: ¿Es estimulante o ya te resulta excesivo?
Qué descubrirás:
Si el vaso 2 ya te parece ácido, probablemente eres sensible a la acidez. Los Albariños muy jóvenes o Rieslings alemanes pueden resultarte agresivos. Busca vinos con acidez media o guárdalos unos años.
Si disfrutas del vaso 3 y el 4 te parece interesante, eres tolerante a la acidez. Los vinos frescos y vibrantes son para ti. Los vinos planos te aburrirán.
Si incluso el vaso 4 te parece suave, tienes alta tolerancia. Eres candidato perfecto para Champagnes brut nature, Albariños recién embotellados, Chablis jóvenes.
No hay respuesta correcta o incorrecta. Solo hay conocimiento sobre tu propio paladar. Y eso es oro para saber qué vinos comprar.
Yo personalmente disfruto del vaso 3 pero el 4 ya me resulta demasiado. Por eso guardo mis Albariños dos años antes de abrirlos – esperando que bajen a «mi» nivel ideal.
La acidez en diferentes estilos de vino
Ahora que comprendes qué es la acidez y qué factores la determinan, veamos cómo se expresa en diferentes estilos de vino con ejemplos concretos.
Blancos: los maestros de la acidez
Si en todos los vinos la falta de acidez te deja con una sensación de vino fofo y carente de interés, en el caso de los blancos, la acidez es crítica, ya que el vino se forma sobre ella, como si fuera su armazón. Algunos ejemplos de vinos blancos, cuya acidez es base para la consecución de su equilibrio:
Los Riesling alemanes
El valle del Rin está en el límite de la zona en que el clima permite la elaboración del vino. Es allí donde se hacen algunos de los vinos blancos más famosos y longevos del mundo: sus famosos Riesling.
La uva Riesling expresa caracteres diferentes según el terruño en el que crece. En el Rin nos ofrece vinos conocidos por su carácter aromático, acidez vibrante y versatilidad. Se elaboran con la uva Riesling, que requiere climas frescos para madurar lentamente y expresar toda su complejidad.
Son vinos que suelen tener grados alcohólicos medios o incluso bajos, y que basan su equilibrio en una acidez alta o muy alta, compensada por una fruta vibrante y, en muchos casos, por la presencia de algún azúcar residual que equilibra los sabores.
Los Chardonnay de Chablis (Borgoña)
Si bajamos un poco hacia el suroeste podemos llegar a Chablis, la parte más hacia el norte de Borgoña y tierra de unos vinos blancos excelentes elaborados con Chardonnay. Se trata de nuevo de vinos con acidez vibrante, y que en los viñedos seleccionados por la denominación como Premier o Grand Cru tienen unos aromas minerales a fósforo, caliza o conchas que los hacen muy interesantes.
En especial, los Premier Cru son vinos, aun accesibles (40-60 € frente a más de 100 € de los Grand Cru), y que en muchos casos tienen una capacidad de envejecimiento y calidad que nada tienen que envidiar a denominaciones borgoñonas más conocidas.
Los albariños gallegos
Seguimos yendo hacia el sur y encontramos unos deliciosos y famosos vinos gallegos con grados de acidez también notables, los albariños de las Rías Baixas. Personalmente, me gusta guardarlos dos o tres años en la bodega, para que rebajen algo su grado de acidez y ganen un mayor equilibrio. Me he llevado muy gratas sorpresas con estos vinos, como un Pazo de Señorans que pasó siete años en mi bodega y me proporcionó un placer inestimable. (Puedes profundizar aquí sobre crianza en botella.)
Los tintos: acidez más discreta pero esencial
Las Garnachas de Gredos
La acidez y elegancia de estos vinos son las características que están haciendo alcanzar un prestigio más que merecido. He probado Garnachas más al sur o de terrenos más llanos, con mayor insolación y lo cierto es que son vinos más cansados, más pesados. Para el elaborador suponen un reto mucho mayor, por supuesto.
Dos son los estilos, sin embargo, que podemos encontrar en Gredos: por un lado, en los viñedos de mayor altura, los vinos tienen una estructura más ligera, con mayor acidez, que en cierto modo podrían tener un cierto carácter «borgoñón», aunque con niveles de acidez sensiblemente menores.
En los terrenos menos altos, sobre todo en la parte madrileña de la sierra, los vinos son más estructurados, manteniendo su equilibrio y personalidad, que me recuerda en cierto modo a las Garnachas del Ródano sur.
Los tintos riojanos
Si hacemos el viaje ahora hacia el norte, nos encontramos con los tintos de Rioja, basados en Tempranillo, y para los que la acidez es fundamental, para su equilibrio, como siempre, pero también para alcanzar los grados de envejecimiento y complejidad característicos. He probado vinos de Rioja muy viejos y siempre he encontrado, aún en ellos, una cierta acidez que les mantiene vivos.
Los Pinot Noir borgoñones
Continuamos nuestro viaje hacia el norte y llegamos a Borgoña, cuna de los famosos tintos basados en Pinot Noir. No hace falta a estas alturas que te diga en qué se basa su estructura y su capacidad de envejecimiento en botella. Lo tienes claro, ¿verdad? En su acidez.
Ejercicio práctico: lleva la teoría a la copa
Ahora que has calibrado tu tolerancia a la acidez con el ejercicio del limón y comprendes cómo se expresa en diferentes estilos, es momento de ponerlo en práctica con vinos reales.
La propuesta es sencilla: compra dos botellas que representen extremos opuestos en acidez.

Qué comprar
Vino con acidez alta:
- Albariño de Rías Baixas (12-16€): Zárate, Pazo de Señorans, Lagar de Cervera
- Verdejo de Rueda (8-12€): Naia, José Pariente Verdejo
Vino con acidez media-baja:
- Godello de Valdeorras o Bierzo (10-14€): Rafael Palacios «Louro», Guímaro Godello, A Coroa Godello
- Viura de Rioja blanco (8-16€): Artadi «Viñas de Gaín», Abel Mendoza Blanco, Olivier Rivière «Rayos Uva»
Cómo hacer la cata
- Sirve ambos a su temperatura correcta (blancos 8-10°C)
- Prueba primero el de alta acidez – fíjate en la salivación, la frescura en los laterales de la lengua
- Prueba el de acidez media-baja – nota cómo cambia el peso, la textura, las ganas de seguir bebiendo
- Vuelve al primero – la diferencia será evidente ahora
El momento revelación
Cuando alternes entre ambas copas, entenderás visceralmente lo que hemos hablado durante todo el artículo. No será teoría, será experiencia real en tu paladar.
¿Cuál prefieres? No hay respuesta correcta. Hay tu respuesta. Y eso es lo único que importa para elegir mejor tus vinos.
¿Eres de los que buscan vinos frescos y vibrantes, o prefieres los más redondos y suaves?
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